Los migrantes

(Haikús)

I
Viene grabado
Desde el gran movimiento
El ciclo eterno.

II

De luz y polvo
Síntesis primigenia
Brota la vida.

III
De agua a la tierra
La migración es vida
Evolutiva.

IV
Aves y peces
Mística convivencia
Entreverados.

V
Los caracoles
Viajando por la Luna
Dejan su huella.

VI
Intervenida
La jícara abre un mundo
Alucinante.

VII
Danzan sus manos
Es arte y movimiento
De Juan Rodríguez.

1/10/2018
Francisco Ziga, Dr.
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El medio siglo de Ñundeui

(Con una pequeña ayuda del I Ching)

Un objeto sensible
una extensión del ojo y la memoria
altera la visual del mundo, irrumpe al Pie del cielo
fija el movimiento del rio y de la piedra
de palmeras, de la naturaleza
de las nervaduras de las hojas
de la vida vibrante del pueblo Ñuu Savi.
Retrata el mundofemenino, la mujer, la madretierra
abre el lado fértil, el rostro fecundo del tiempo de lluvias
el ciclo de vida y de muerte
la dignidad desnuda de Candelaria, su porte magnífico
no importa mostrar la evidencia de los senos
dadores de vida; porque el centro erótico está en nuestro ombligo,
porque somos hechos como el cántaro, del barro rojo de la madretierra,
porque estamos en el “En el ombligo de la luna”
y hay en nuestro interior, en nuestra desnudez
una claridad relampagueante como noche de agosto
que nos otorga fuerza al exterior
y ella es la mujer, la madretierra
llena de roca firme como en el mes de marzo
y esponja adherente en tiempodeaguas
como madre perseverante y tierna, entusiasmadoramente esclarecida.
Hay en el cielo y fuego un movimiento
el mismo que de manera diversa nos otorga
la existencia del tiempo, el orden de las cosas
del pensamiento dual Ñuu Savi.
Y Ñundeui como creación pletórica
articula el yo central y el nosotros disperso
la luz inexpresiva de Rosa en Ixtayutla,
que nos mira desde hace más de cinco siglos
los ojos inocentes de María de la Luz,
muestran el fuego y cielo, mundo y cielo Ñuu Savi
Su ser-comunidad desnuda al mundo.
En libertad no hay falla, el retorno es propicio;
las aguas de los ríos fecundan a Ñundeui.

1/10/2018

Dr. JF Ziga Gabriel
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La locura de Carlota de Bélgica, Emperatriz de México y América

Por: Francisco Ziga

Soy el loco que Carlota de Bélgica trae dentro, pretendiendo que siga la historia contada y no contada por Don Fernando del Paso, quien conoció a la Emperatriz de México y América, y que aún con todo, no dijo lo que vio, ni todo lo que le dije, porque cuando le hicimos reverencia frente a su carruaje de color púrpura y adornado con piedras preciosas traídas de todos los continentes y otras extraídas del subsuelo mexicano, como turquesas, jade y ámbar de Chiapas, que esperábamos los domingos en la salida del Castillo de Chapultepec, no le conté todo; lo que sí sabía era que en un arrebato de atrevimiento le había dado, bajo el pretexto de entregarle una petición, unos haikús, los que Del Paso había revisado y aprobado; sabía que Carlota había quedado prendida de los poemas japoneses, porque no le cuadraba todo lo que le malescribía Maximiliano; sabía que se había vuelto un ritual de todos los domingos la espera del carruaje en la puerta del Castillo de Chapultepec y que, al recibir los haikús entintados y rubricados con un monograma que no era imperial, sus letras en una estructura de cinco sílabas en el primer verso, siete en el segundo y cinco en el tercero, le causaban un rubor indescriptible y la retrotraían a las mañanas enneblinadas de su lejanas tierras; sabía Fernando que, en arrebato genial, me había hecho subir a su carruaje empedrado con minerales preciosos, pero lo que no supo es que Carlota mandó a freír papas a su dama de honor, a su guardia imperial y al conductor del carruaje y que tomamos las riendas de los potros briosos y nos fuimos con rumbo desconocido, hablando de las almenas del Castillo de Miramar y las arenas blancas de Huatulco; el otro Fernando, el emperador, que nunca había tenido conocimiento de las carnes de Carlota, en ese día del arrebato, estaba bañándose en la poza de la Quinta Borda, en Cuernavaca, deleitándose con el cuerpo moreno de Concepción Sedano, mirándose en sus ojos negros y acariciando su piel sedosa de un color cetrino salpicada de puntos rosáceos, oliendo su cuerpo fragante de rosas que cultivaba su marido, el jardinero de la Quinta Borda; y así fue como, día a día, escribí uno o varios poemas, eso no lo supiste Fernando Del Paso, ya no supiste que de tantos poemas que escribí a Carlota, se fue haciendo un libro que contenía seiscientos treinta poemas, porque no te lo conté Fernando, ya no te lo conté porque como te conocía bien, sabía que lo ibas a publicar, como publicaste Noticias del Imperio, en el año de mil novecientos ochenta y siete y no dijiste nada de eso, porque no te lo conté, así como no te conté que yo estuve detrás de Carlota Regente de la Ciudad de los Palacios cuando Max, como escapista, se iba a cazar mariposas y lagartijas y a desnudar la piel de Concepción Sedano, que era de Jonacatepec, Morelos, porque yo también la conocí bañándose en Puerto Ángel con su perfil de diosa, con su trino de voz, con su piel rosácea y cetrina de fragancias encantadoras; no supiste Fernando, que Carlota, después del viaje desbordado de su carruaje imperial, no se incomodó de los continuos deslices de Max, de su escapismo, porque incluso en el viaje que hicimos a Yucatán a conocer la cultura maya y a bañarnos en los cenotes sagrados, era Carlota quien seguía dando las instrucciones para el fracasado Segundo Imperio Mexicano, porque todo era una locura, todo; así como es falso que la quisieran envenenar en México con Toloache, con Ololiuhqui, porque el Toloache yo se lo di, porque conozco la dosis perfecta que me enseñó la señora Ernestina, mujer de Juan Soriano, la que me curó con sebo de vela, la que me enseñó a curar con la semilla de la virgen, porque yo se la di, Fernando, eso nunca supiste, que yo entronicé a la Emperatriz en el uso de las plantas sagradas mexicanas, porque fuimos con Doña Tina a Cabeza de Iguana, cerca del mar Pacífico a ver a la virgencita, a tomar una maquila de la fruta de la flor moradita, la del bejuco velludito, la planta a la que uno debe pedir permiso para cortar sus semillas, esa que no debe estar a orilla de camino, sino resguardada en el monte, pura y acordonada por plantas silvestres, pura como se conservó Carlota, porque Max nunca le puso una mano encima, y que yo le escribí Nueve razones, y dije que siempre estaría en mi vida, porque en Huatulco, allí, le compuse los mejores poemas, allí le compuse algo que no puedo olvidar, que me sé de memoria, porque dice: “Al oboe de una perla, a la lira de un coral, al cello de la espuma, al canto de mi mar, le falta tu presencia, le falta tu trinar, Libres en Paraíso, prescindiendo de atuendos en Ventura, entonando con delfines un crescendo a oscuras, xerófitas oyendo la rapsodia desnuda”, que así dice, porque allí nos bañábamos desnudos, en Ventura Huatulco, la playa más hermosa del mundo y que ese poema se lo escribí en la arena blanca, para que no se borrara de su mente y se la susurré al oído, por eso se volvió loca; te volviste loca Carlota pero tu locura no era otra cosa sino una locura de amor, una locura de la semilla del Quiebraplatos, que no fue una locura de arrepentimiento, porque nunca te metiste con Van Der Smissen ni con ningún otro cabrón, porque no fue esa la locura que te llevó hasta mil novecientos veintisiete al Castillo de Bouchout, porque sí tuviste un hijo, pero no fue de Max, porque ese cabrón escapista y pusilánime y a quien todo le valió madre, nunca te puso la mano encima, siempre te abandonó, como cuando llegaron por primera vez al Palacio Nacional de la Ciudad de México, que se fue a dormir a una mesa de billar y tú te quedaste en una silla sin dormir toda la noche porque el lugar estaba atestado de pulgas; no te puso la mano ni Max ni Juárez, ni nadie, sólo yo, porque ese hijo que tuviste fue mío, te fuiste preñada de México y lo pariste en el Castillo de Miramar, lo crío una mujer nahua de Comala, cerca de Toltepec, porque por allá lo procreamos Carlota, lo trajeron desde Miramar, de contrabando, y aquí lo recibí en Veracruz y creció entre la Ciudad de los Palacios y Huatulco, entre los volcanes y la arena blanca de Ventura y Coyula, mientras tú te quedaste en ese viaje interminable, porque te llevó el vuelo de la Virgen, el Ololiuhqui, el Quiebraplatos, la semilla que se tiene que tomar a medianoche, la que te hace soñar, como decía Margarito el tintorero de caracol púrpura de Pinotepa de Don Luis, que siempre viene a Huatulco a buscar el caracolito para los pozahuancos de las mujeres de Ñuu Savi, la tierra de la lluvia, de la semilla que te da un golpe de mar, te traslada dea viaje hasta el cielo y de allí te vuelve al mar a ver los peces de colores de la playa de Estacahuite y a mecerte en las olas majestuosas de Zipolite, te quedaste allí hasta mil novecientos veintisiete en el Castillo de Bouchout, mirando al mar, haciendo de cuenta que estabas embelesada en Ventura, alucinada tu mirada ante la arena blanca de la playa, el azul turquesa del mar, el chingo de ripio con peces de colores, la vegetación de las más variadas tonalidades del verde, embelesada con la fragancia del Palo Santo, del moteado de la selva por la flor del Ocotillo y por el despunte violeta y el azul intenso del Quiebraplatos; y allí te dije que la tarde ya no era la misma, que alfombrabas todo el monte en un abrazo místico a la tierra, que vivíamos ese tiempo eterno, instantáneo, asombroso, indefinible; allí vi tu fuente de vida, abriéndose un camino desconocido, porque imaginé tu espalda como un surco de siembra y a mí como un árbol frondoso de semillas, un árbol que suspiraba, también te dije “ya no existo, no soy Ser, soy la Nada”; la nada en que terminó el Segundo Imperio Mexicano, porque todo fue una locura, todo, porque ustedes no tenían razón, o la razón que traían no era la nuestra, porque los mexicanos nunca dijimos que queríamos un emperador ni una emperatriz, aunque después de todo no estuvo mal que llegaste ya media loca, por eso te amé Carlota y te completaste aquí en México, en el Ombligo de la Luna, porque yo te di la Flor de Luna y tú me diste tu ombligo , tu centro erótico, ese que vi en Huatulco y que nunca vio Maximiliano, donde derramé licor de corozo, tuba, mezcal, bacanora, sotol, charanda, aguardiente de punta y pulque Carlota, pulque del altiplano mexicano y allí te quedaste siempre conmigo, porque eres todas las mujeres a quienes sigo dando el elixir de la luna, la semilla negra de la virgen, y por eso fue que mandaste a la chingada a Max, el pendejo que nunca te quiso, porque no murió en el Cerro de las Campanas, porque Juárez lo perdonó como dice la gente, porque ambos eran masones, y se largó a la chingada a Centroamérica, donde vivió todo jodido y como ermitaño, mientras tú tuviste que soportar tu soledad en Bouchout, y tu locura, y tu viaje permanente de la Flor de la Luna, por eso es que cada luna llena me sobreviene la nostalgia de ti, porque no aguantaste los disparos de la semilla ácida de la Ita Yoo, del Quiebraplatos, del Ololiuhqui, la planta sagrada de los dioses, quienes fueron los que te mataron, nuestros dioses, no nosotros, porque nosotros los perdonamos, porque nosotros los mexicanos no somos cobardes, no matamos, tú te mataste sola, como en Huatulco, y tú me medio mataste, pero yo nunca sucumbí como tú, que quedaste postrada pensando en tu hijo, Soluna, que cuando moriste ya estaba viejo en Huatulco, viviendo en Playa Ventura, donde volvió, volvió a donde fue procreado, porque su nahual era una tortuga, que él sí tuvo, porque tú nunca tuviste un nahual como Soluna y como yo, por eso le dije a Fernando del Paso que todo es como un rompecabezas y que su libro no habló de los poemas, de los haikús, del Ita yoo, del ripio de Playa Ventura, de los pasos de Carlota en la Playa de Tembo, que hacían cantar su arena y que aún cantan bajo mis pasos, del caracol marino que le regalé a Carlota, de Soluna, de la disolución del amor de Carlota por Max, de que

llegó virgen a Huatulco y que allí quedó preñada y que todo su amor hacia México era un amor hacia mí, el loco, y que yo, tu amigo, Fernando del Paso, nunca me cargó la chingada, porque en mi tierra, Huehuetán laguna, decimos que, para quienes tenemos un nahual de lagarto, no existe la muerte.

9/28/2017

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Jamiltepec antiguo. Una mirada a la historia y vida cotidiana.

Por: Francisco Ziga

Presenciamos nuevamente en la Casona del Centro de Jamiltepec, Oaxaca, una muestra retrospectiva de varios submundos en que solemos dividir la realidad. El conjunto de obra titulada “Jamiltepec antiguo”, es producto de la suma de voluntades del gobierno municipal, los dueños del recinto que la cobija y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Se compone de imágenes provenientes de colecciones particulares de habitantes de Jamiltepec y de la Fototeca “Nacho López” de la CDI.

Si hay alguna duda de considerar a la fotografía como un arte, con “Jamiltepec antiguo” se disipa toda dubitación. Cada imagen se torna en obra creativa, detiene el tiempo, transforma el pasado en presente inmortalizando la vida cotidiana, la sonrisa de una niña, la vendimia y el trueque, la acción lúdica del juego del “chicuyo” ya en desuso y desplazado ahora por los juegos virtuales, los cambios en el paisaje, la danza y la música, la acción institucional; es decir, la historia y la vida cotidiana. Cada imagen es una apertura al pasado pero también un espejo en el que nos miramos en lo que somos de diversos y humanos; también en lo que queremos y podemos ser.

La obra es un homenaje a la sociedad costeña, a nuestra costeñía, a nuestras diversas formas de identidad personal y colectiva, como el ser campesino, herrero, estudiante, danzante, vendedora en el mercado “Telésforo Estrada”, maestro, artesana de telar de cintura, conductor de la acción institucional como el Dr. Alfonso Caso, primer Director del INI o el Dr. Rafael Mijangos Ross, primer director del Centro Coordinador de Jamiltepec. También es tributo a quienes conjugaron su ojo fotográfico con el dedo índice al disparar el obturador de las cámaras: el Antropólogo Alfonso Fabila -a quien debemos una de las etnografías más importantes de Jamiltepec del Siglo XX-, a los hermanos Mayo que efectuaron el registro de la gira del Dr. Caso en 1965 en la región, y a muchos otros desconocidos que nos dejaron su arte y hoy disfrutamos.

Si la cultura es el modo de ser total de un pueblo, su unicidad íntegra, su diversidad e historia, su danza y paisaje, “Jamiltepec antiguo” es en su esencia y forma, la decantación de la cultura, su expresión más pura y exultante. Es la revelación del blanco y negro que cobra vida en nuestras conciencias, donde le damos su valioso significado, es la contraparte perfecta de la lluvia cromática de “Jamiltepec de mil colores”.

Re-vivamos la antigua lejanía haciéndola tangible y parte nuestra. Que el “Jamiltepec antiguo” nos siga en-señando en la alegría, la dignidad y el respeto; también que nos alumbre en la mejor apropiación del mundo contemporáneo.

Dr. J. Fco. Ziga Gabriel, julio 2017.

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Jamiltepec de mil colores. Exposición de pintura y tallado en madera

Dr. JF Ziga Gabriel.

Jamiltepec de mil colores nace como una apuesta autogestiva de artistas y amigos pre-ocupados por la necesidad de contar con espacios de promoción y desarrollo del arte en varios de sus ámbitos. Cobijados por los adobes legendarios de La casona del centro, edificio del Siglo XIX aún en pie, desarrollan esta primera experiencia colectiva, para dar abrigo a los productos culturales de tres jóvenes pintores malacateros: Leonides Rendón, Heladio Olmedo y Alexis Bautista, así como al trabajo de piezas artísticas de madera de manos de Josué Ibarra, originario de Santa María Huazolotitlán, Oaxaca.

El conjunto de obra es una lluvia de color, una cascada exultante de visiones, como arcoiris costeño; como espectáculo de nubes altas de octubre que descomponen la luz de la entidad solar y nos entrega un abanico de tonalidades y matices; como el verdor en tono multivariado de los días más intensos de lluvia de verano.

Rendón nos propone, en cascada pluvial de gotas de agua-marina, peces verdiazules, insectos diminutos y toda suerte de geometrías de la vida cotidiana, la presencia cultural afromexicana, indígena y mestiza, acrisolada en el ser y estar del campo costeño, de guitarras, chilenas y cangrejos de inicio de lluvias, de mujeres esbeltas de pozahuanco y torso desnudo difuminadas en petates, de personajes oníricos y perros que se transfiguran en insectos.

La lluvia de temporalidades es propuesta por Olmedo, quien en un atrevido movimiento de pensamiento, mezcla diversos momentos de nuestra costeñía, desde los tiempos míticos y precuauhtémicos, hasta las actualidades diversas. Su apuesta es un cuestionamiento del tiempo como entidad opresora destacando su particularidad como bien colectivo.

Bautista nos planta en la madre tierra, en un tronco inmemorial que renace cíclicamente y no muere, donde el verdor de vida vence a lo inerte y lo femenino cobra sentido en la fertilidad que produce la vida; en el reino vegetal, primigenio, anterior a lo animal, sin el cual no existe; en el árbol de cacahuananche, sustento de la tecnología rural y de la cultura de la tierra nuestra.

Ibarra es un maestro del volumen. Educado de la tradición artística huazoloteca del tallado en madera, rescata de la tierra el huanacaxtle, impide su degradación natural y fija, para bien del patrimonio estético costeño, animales de ensueño, nahuales que nos cuidan, y, en una simbiosis singular, entrecruza su arte con Rendón, quien reviste de color el arte natural de Ibarra, formulando un circuito genial que resulta en obra colectiva.

Jamiltepec de mil colores es como un espejo, porque nos muestra tal cual somos, en nuestra diversidad enriquecedora, en nuestra verdad de gente alegre y creativa, hospitalaria y buena. Que los mil colores presentes en esta muestra se multipliquen y se derramen siempre en la Casa de adobes.

2/15/2017

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Diez mil venados o primero el mar

Emiliano Rafael Aréstegui Manzano. UAEM, 2012. (Comentario)

Por: Francisco Ziga. Púrpura AC.

Después de caminar y nadar varias veces en la densa lectura de “Diez mil venados o primero el mar”, se me revelan varias preguntas ineludibles, a la hora de su relación con las Jornadas “Luz María Martínez Montiel”. ¿Por qué presentar este libro alucinante? ¿Qué hay de pensarlo como originario de Costa Chica? ¿Qué me dice de lo afromexicano y de lo indigena? ¿Qué nos propone? La verdad es que, acongojado yo, no logro atinar respuesta pertinente, sólo a relampaguear, como en tormenta marina, algunas ideas que se me vienen, como dice el autor: “a río corriendo, en de repente”.

De lo que sí estoy seguro es de que los poemas refieren a la región multiétnica llamada Costa Chica, con sus grupos originarios y sus costumbres y vivencia del mundo, pero también a la pendiente afromexicana presente en sus “bajos” o planicies, “llanadas” o sabanas, lomeríos, lagunas, esteros, charcos, ríos, ensenadas y comeríos de animales marinos. Lleno también de “Ojos negros de mujeres negras”, con su modo de ser y estar, con sus voluptuosidades de caderas y de “un meneo que marea” en la arena, en el cerro, en el mar, en la laguna y en la bocabarra.

El lenguaje que se ha constituido en nuestra región, tiene sus vasos comunicantes entre sus formaciones culturales, entre los horizontes diversos. Reitera el libro de manera genial nuestros lugares comunes combinándolos con las varias formas de “estar”: “Me alagarté en la tarde” “Atilinqué la memoria hasta lo antes”. Uno puede tomar forma de animal con mucha facilidad, más tratándose de nuestro nagual. Hay formas lingüísticas únicas que revela y que se aplican tanto a espacio (“Allá hay un muerto, más antes de llegar a la parota”) o a tiempo (“… en el ala temprana de la noche | o más antes, pero ya en rocío”) y que nos asoman en territorios lingüísticos desconocidos.

Cada poema puede concebirse como un mito. El poema IV es un canto de naguales. Refiere a la forma en que uno adquiere su nagual, el que es diferenciado entre las culturas locales. También la lucha entre ellos, que puede advenir en daños físicos o emocionales a la persona. El conjunto puede concebirse como una mitología de la Costa Chica. Así lo diviso.

No nos salva del éxtasis por excelencia; dice: “… tensé la cuerda | solté la flecha | un aguacero de pájaros asaltó la cascada”, en una forma de decirnos algo sin decirlo “ …la puerta se abre | y sale corriendo | en diez mil venados”, porque “El gamito no es gamito”, es otra cosa. Que forma más bella de decirnos que existe un “Ahuehuete en el aire que en raíces rema” y que de manera sublime equipara dos reinos diferentes y los aparea en uno solo.

Hay un sentido rulfiano en “Diez mil venados o primero el mar”. Si Pedro Páramo se sentó al borde del camino “a esperar el sueño”, se propone aquí que el tiempo no es patrimonio humano, puesto que también “jabalí”, “… espera el tiempo … ”. El tiempo, eso que somos, porque “Soy la tarde | en mí pasea el tiempo | a mí me marca marcándome”. “No es el tiempo el que se va, es uno el que se acaba” dice la ontología Ñuu Savi del tiempo en voz de mi compadre Eloy Martínez, de Waspala.

También hay una crítica hacia la deshumanización del hombre, a su hambre obscena, demandante, que destruye y mata. El hombre se queja del grito de la misma naturaleza: “Mosquitos dice que el hambre no se me quita | porque no es hambre lo que tengo” y le propone otro tipo de relación con la naturaleza, consigo mismo. Al final, el cazador es cazado por su misma vorágine.

En Maldonado se profundiza la analítica marina “El mar inmenso | No hay distancias | No hay tiempo | El mar todo | Y yo mirando” El estado atemporal del subconsciente imaginado como un mar (“Un inmenso manantial de tiempo estancado”). La subjetividad arranca del mirar, de la conciencia humana, pero también de los “otros-vivos-no humanos”, porque del mar: “Ahora se ha dicho en las cantinas | Que también en él andan los lagartos”.

Hay una tensión entre Pueblo y Mar: “Nada de ti en el pueblo | Nada de ti en el mar”, tensión que no se ve sino hasta descubrir la dialéctica entre lo frío y lo caliente. “El pueblo es caliente… el mar es fresco”. No es casual que una de las etiologías de las enfermedades y formas de curarlas esté en la exposición a determinados estados de temperatura. La medicina tradicional indígena y afromexicana lo sabe muy bien. En ese sentido el mar sería lo atemporal, lo húmedo, lo fresco; el pueblo lo temporal, lo seco, lo caliente.

Hay otro sentido del mar “… como escenario donde danzan las almas de los muertos”. Aquí, recuerdo las palabras de Carlos Rúa en el Foro Afromexicanos de 2007 realizado el José María Morelos, Oaxaca: “ El mar es el panteón de los mayores”, porque durante la trata esclavista del traslado forzado de 40 millones de africanos al Continente Americano como lo relata la Dra. Martínez Montiel, 1 de cada 3 esclavizados quedaron en el panteón atlántico. ¿Es el llamado del caracol un llamado hacia los muertos que quedaron atrapados en el lecho marino? ¿O acaso es ese nuestro destino común, porque “Todo nace muerto, muerto sigue, seguirá”? Lo cierto es que somos parte del mismo retorno, del mismo ciclo de lo animado-inanimado, porque “Somos nutriente del mar”.

Hay una tradición de los pescadores nahua-chichimeca y de los afromexicanos en relación a los muertos, que tiene que ver con un ritual marino/lagunar en Puerto Ángel, Corralero y Minitán. A los muertos se les lleva en procesión en lanchas o cayucos atravesando el mar o la laguna, hasta llegar al panteón. ¿Reitera el entierro el viaje de regreso a África? Nos dice el autor: “Meciéndome hamaco las almas de los muertos”.

Termino diciendo tres cosas. La primera que todo lo anterior nos planeta la amenaza permanente de la muerte: “El mar | Puedo escucharlo | me mece en la hamaca sin mecerme”. La segunda, el consuelo de volver a renacer: “Hoy soñé con los desaparecidos | Que hace antes | Fueron sembrados en el aire”. Si los desaparecidos fueron sembrados, van a renacer. Y en ese tenor, “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Y la última es que propongo Diez Mil Interpretaciones a Diez mil venados… y después… tirarse a la mar.

Costa Chica de Oaxaca. Noviembre de 2014. Mes de los muertos.

1/09/2015

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Un libro con alas: “Juro guardar la Constitución. Cambios, negociación y adaptación, 1820-1876” de Rolando Néstor Marín García

Hace algunos días, en la celebración de un taller de planeación municipal donde participaron autoridades municipales, agrarias y líderes locales, todos en la segunda planta del edificio municipal de San Juan Colorado, Jamiltepec, Oaxaca, manteniendo en mano alzada el libro “Juro guardar la Constitución. Cambios, negociación y adaptación, 1820-1876”, mencionaba en voz alta y sin ocultar mi emoción, acerca de lo importante que es la escritura de nuestras historias locales, de su gran valor en la reconstitución de nuestros pueblos y rematé con la propuesta de que todos en nuestras casas deberíamos tener un ejemplar de éste precioso libro, apagar la televisión y disfrutar de su lectura. Horas antes había conseguido el libro, junto con otro de poemas bellísimos, en casa de Rolando, lo había hojeado y, “a vuelo de pájaro”, revisado su contenido prometedor y fina escritura. Una lectura posterior me permite pensarlo como libro fundamental no sólo para entender las relaciones políticas y económicas en el San Juan Colorado del Siglo XIX, sino para alumbrar toda nuestra región y a ayudarnos a abrir ventanas desconocidas, atar cabos sueltos y a tejer historias. El libro trata de una reconstrucción histórica de la comunidad a la luz de los cambios políticos, de las estructuras de representación y administrativas, así como de las formas en que se fue articulando la sociedad nacional y regional con las propias de participación y gobierno indígena; desde la República de Indios, hasta la construcción de estructuras municipales que aún existen. La amplia revisión de archivos históricos que Rolando acometió en su investigación, lo llevan a descubrir en el antiguo San Juan Yocoa -como alguna vez fue denominado- los orígenes de una ceremonia ritual de paso y purificación, el Ndatu, que se constituye como un umbral en el cambio del poder comunal, ritual que aún pervive en las comunidades Ñuu savi. También su lectura devela como lo que se llama “la costumbre” se debe concebir como un producto histórico, de ninguna manera estático. Llama la atención cómo demuestra que en algún momento, la transmisión de los bastones de mando -objetos rituales de poder-, se realizaban en Jamiltepec y, por el cambio de las relaciones políticas, se trasladan a la intimidad de los pueblos. Esta visión de la comunidad como una gran familia para los indígenas, donde el presidente es como un padre y los “hijos del pueblo” son sus integrantes, no deja de sorprender y poner en cuestionamiento las actuales formas deshumanizadas de representación. Todo este viaje, donde los Ra tsa’un: “los que han crecido” (p. 82), hablan desde la memoria recuperada, es un recuento e historia de la resistencia, del modo en que los indígenas de la región diseñan sus propias estrategias para sobrevivir y sus formas de acoplarse a los cambios administrativos y legales, de manera que “la costumbre”, más que un conjunto de prácticas reiteradas una y otra vez, es una estrategia de su “estar en el mundo”, construcción social que tiene muchas implicaciones en cuanto a las formas de pensar el tiempo. También nos muestra como dentro de las ontologías mesoamericanas, las entidades humano-mitológicas cobran agencia y poder, como es el caso de los Ndosos, los cuales, entre otras cosas, no permitían que los mestizos se asentaran en la población (p. 119). La agencia es tal, que se atribuye a un Ndoso, según la versión de mi amigo Victorio Santiago, la fundación de Ñuu Yokua’a. En la lectura de “Juro guardar la Constitución”, es posible ubicar, desde el oscuro Siglo XIX, apellidos de gobernadores, apoderados, influyentes, que vivían en Jamiltepec y Pinotepa, cuyos rastros siguen reiterándose en la infamia del Porfiriato y acaso hasta la actualidad. Comprender la estructura de poder regional pasa por revisar la forma en cómo se ha ido construyendo el sistema inicuo de relaciones, donde una de las formas más extremas de violencia es la invisibilidad, como cuando se declara, desde la visión liberal, que “…los indios ya no debían de existir” (p. 112), tal y como he escuchado decir en la actualidad. El 11 de septiembre de 1852, las autoridades municipales y ancianos de la comunidad deciden rentar por siete años los terrenos de San Juan Colorado, por una paga de 60 pesos anuales, contrato que correría a partir del 1 de enero de 1853. Sin embargo, tres años después se atraviesa la siniestra Ley Lerdo, mediante la que se expropia despiadadamente a los indígenas de sus territorios ancestrales. Es así como el arrendatario Manuel María Fagoaga, en un abrir y cerrar de ojos, se adjudica las tierras por un lapso de 29 años, es decir, poco más de lo que comprende una generación humana. En 1886 las tierras son vendidas a Plaza y Martín de Pinotepa de Don Luis, en 1887 se traspasan a Manuel Santibáñes y luego a Dámaso Gómez (p. 109), otro personaje siniestro que se apodera de una gran extensión territorial comprendida entre los Ríos La Arena y el Verde, y desde la lengua oceánica hasta Ixtayutla. En toda la trama que construye Rolando, ocupa un lugar central un personaje llamado Antonio García de los Reyes, quien, con su astucia, “pudo obtener ayuda de los dos mundos”. Las quejas de autoridades y pobladores son constantes respecto a ésta persona. Las autoridades se quejan de desplantes en su contra. Y así, es nombrado en 1858 como primer presidente municipal, luego en 1861, y hacia 1876 por tercera ocasión (p. 121 y ss). Es decir, la presidencia municipal nace como una estructura que viene derivada de un poder no controlado por la colectividad. En este proceso hay una persona clave, que es Ursulino Parada, quien para 1951 era Gobernador Departamental en Jamiltepec (p. 154). Si tomamos en cuenta que para 1864, Parada le vende fraudulentamente los terrenos de Siniyuvi a García de los Reyes, tenemos una relación clave que ya ha durado varios años: Don Ursulino con los poderes regionales y García de los Reyes controlando la comunidad y sembrando el miedo en San Juan Colorado. Esta relación de poder le sirve a García para actuar en impunidad. Cuando un grupo de ancianos y ciudadanos acusa a García de fraude por malos manejos de fondos comunitarios, es defendido por Bruno Valladolid ante el Juez de Jamiltepec. Al final, varios “hijos del pueblo” son encarcelados por oponerse a los poderes local y regional (p. 149 y ss). Es así como se entretejen las relaciones de poder, donde la estructuración de los controles locales comunitarios no pueden entenderse más que en su articulación con el orden regional. El Estado nace así, asegurando el control de hombres y territorios, mediante correas de transmisión que son vigentes hasta la actualidad. Rolando ha echado a volar, desde 2013, este libro con alas, y ya ha tomado altura. Esta es una invitación para volar esas alturas y presentizar las historias que nos Rola. Huaxpaltepec, Oaxaca.

Agosto 2014.

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Declaratoria de las organizaciones participantes en consulta pública efectuada el día 14 de junio de 2014 en Cuajinicuilapa Guerrero, sobre la metodología de la encuesta intercensal 2015 del INEGI

Los abajo firmantes, representantes de organizaciones de la Sociedad Civil e instituciones participantes en la Consulta Pública sobre la Metodología de la Encuesta Intercensal 2015 convocada por el INEGI, reunidos el día 14 de junio en Cuajinicuilapa, Guerrero, tomamos conocimiento de que dicha institución determinó suspender el sistema de Conteo Intercensal y proponer, para 2015, la realización de una Encuesta Intercensal. El INEGI insiste en descartar las autodenominaciones de los pueblos negros. El modelo de encuesta, en lo que respecta a la población negra afromexicana, no tendría la especificidad que esta población requiere para su reconocimiento constitucional. Después de un largo tiempo de relación entre las organizaciones con el INEGI, no encontramos a la fecha, rasgos de voluntad política del Estado para avanzar en el reconocimiento estadístico y jurídico de la población negra. Esta situación se hace de conocimiento público con el objeto de alertar a la población nacional de que, pese a los compromisos internacionales contraídos por el Estado nacional, la estructura del mismo, dilata los procedimientos para el reconocimiento pleno de derechos de una población marginada e invisibilizada históricamente. Consideramos que, al incluir a la población negra por primera vez en las estadísticas oficiales nacionales, el Conteo tiene mayor especificidad en el conocimiento de la dimensión, condiciones y situaciones de ésta población; mientras que el modelo de encuesta, si bien útil para otros grupos sociales, no es conveniente de aplicar a la población negra afromexicana, ya que se carecen de referentes oficiales previos. Para el trazado de políticas públicas de cualquier sector de población, es fundamental poder contar con información estadística comprobable, así como sus interrelaciones en términos de condiciones y situaciones. Por el ejercicio que se nos mostró, vemos que los datos se tendrán a nivel municipal, y de localidad en algunos casos, mientras que, para el caso que nos ocupa, es fundamental que los resultados arrojen informaciones a nivel de las comunidades en las que viven los pueblos negros. La inclusión de las categorías en un Conteo Intercensal, permitirá hacia futuro, las comparaciones suficientes para el trazado y ajuste de políticas públicas específicas y referidas a esta población, si bien constituyente del país, ignoradas sistemáticamente por la nación. Por lo anterior Exigimos: 1. Ampliar el ámbito de categorías a todas las formas de autodenominación de los pueblos negros afromexicanos; 2. Que se regrese a la modalidad de Conteo Intercensal y que el mismo sea aplicado con las categorías de autoadscripción; 3. Que se exprese la voluntad política del Estado Mexicano, en concordancia con los acuerdos internacionales que ha asumido; y 4. Acorde al Artículo 2o. Constitucional, se reconozca, valorice y respete el total de diversidad cultural del país. Se convoca a la sociedad nacional, en especial a los grupos civiles, de derechos humanos e instituciones educativas, para que acompañen la reflexión sobre la tercera raíz, y den seguimiento a las propuestas y actividades que sobre el tema tienen las distintas instituciones del Estado en sus tres niveles de gobierno, para que no se siga negando al reconocimiento constitucional y estadístico de los pueblos negros-afromexicanos.

Dado en Cuajinicuilapa Guerrero, a los catorce días del mes de junio del año dos mil catorce.

Israel Reyes Larrea. AFRICA A.C Oaxaca. Nemesio Rodríguez. PUIC-UNAM. Sede Oaxaca. Angustia Torres. Colectivo Las Morenas. Oaxaca. Ángel Feria Carrasco. Colectivo de Artistas Visuales de la Costa de Oaxaca. Francisco Ziga. Púrpura AC. Oaxaca. Baltazar Velasco García. Grupo Cultural Costa Chica AC. Oaxaca. Bulmaro García Zavaleta. ODEPA A.C., Guerrero. Teresa Mojica Morga. Diputada Federal. Guerrero. Beatriz Amaro Clemente. Red de Mujeres de la Costa Chica. Oaxaca.

6/18/2014

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Los teñidores

(Haikus para los tintoreros de caracol púrpura de Pinotepa de Don Luis, Oaxaca)

I
Una semana,
camino a pie entre el monte,
desde Ndo Yuu.

II
Piden permiso,
a San Pedro en Pochutla,
los teñidores.

III
Luz es tu rostro,
Te encontró un tintorero,
en el peñasco.

IV
Surge del agua,
se mancha el monte seco,
de la esperanza.

V
Playa La India,
descansa en la marea,
púrpura pansa.

VI
Una madera,
y el tornasol emerge,
llora su tinta.

VII
La mano amiga,
su casa es una concha,
púrpura viva.

VIII
Caminan juntos,
trescientos caracoles,
en la madeja.

IX
Olor marino,
guardando las madejas,
la yunutuca.

X
Jícara en mano,
grabando Margarito,
sueños de Luna.

XI
Vuelve a la tierra,
el caracol se torna,
en pozahuancos.

XII
Del malacate,
como arañas que tejen,
profundas penas.

XIII
De mar y ensueño,
tradición legendaria,
los caracoles.

Pochutla Oaxaca, diciembre 12 de 2008.
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Huaxpaltepec, apuntes para su historia

Por: Dr. Francisco Ziga.

Universidad Autónoma Chapingo.

Huaxpaltepec deriva su nombre de la lengua náhuatl y se compone de los vocablos cuetzpallin que significa “lagartija”, tepetl es “cerro”y el locativo c que indica “en”; es decir el nombre del pueblo significa En el cerro de las lagartijas1. Como muchos pueblos en Mesoamérica, poseía un nombre náhuatl, cuya toponimia indicaba mas o menos, el significado de la denominación en la lengua local. En éste caso, en lengua Ñuu Savi o Mixteco de la Costa, se dice Xiñi Tityi, de Xiñi, cabeza y Tityi, iguana. Huaxpaltepec es un pueblo prehispánico, aunque es muy probable, debido a la falta de evidencias arqueológicas, que el asentamiento original no se encontraba en el actual centro de población, que sí se pueden advertir en otros sitios de su actual jurisdicción. Antes de la llegada de los españoles, la región estaba dominada por el cacicazgo de Tututepec, que comprendía un extenso territorio desde los límites con el estado de Guerrero, hasta Huatulco Oaxaca, como lo apunta en arqueólogo Alfonso Caso2. El núcleo de ese cacicazgo se concentraba en la capital de Tututepec y en siete cabeceras o asentamientos mixtecos, uno de los cuales fue Huaxpaltepec.3 Rodríguez4 apunta que Huaxpaltepec se constituyó, desde antes de la Conquista, como un centro de intercambio, en su feria periódica, al igual que Pinotepa la Chica (hoy Pinotepa de Don Luis) y Juquila. ¿Hasta donde es posible pensar que la actual feria del Cuarto Viernes, cuando Huaxpaltepec articula toda una región ritual, tiene un origen prehispánico? Quien demuestre lo anterior habrá hecho un gran descubrimiento. Para 1547, a un cuarto de siglo de la Conquista, aún se conservaba el sistema de tributos, pues para ese año, Huaxpaltepec tenía como encomendero a Luis de Castilla, contaba con dos estancias o barrios, tenía 73 tributarios y entregaba un tributo de 14 pesos en oro al encomendero, el mismo que dominaba a Pinotepa de Don Luis, al cual debe su actual nombre. Aunque los datos de población son escasos, en los Papeles de la Nueva España. Suma de visitas y pueblos, recopilados por Del Paso y Troncoso, se reportan 365 habitantes para 1541. Dos siglos después, hacia 1746, existen 390 habitantes según datos del Teatro Americano de José Antonio Villa-Señor. Si damos por cierto que las varias epidemias traídas por los españoles y la destrucción física de las culturas originarias disminuyeron hasta dejar en un 10 por ciento a la población, podemos aventurar una hipótesis: unos tres mil habitantes previo a la Conquista, lo cual no es nada desdeñable, si consideramos que para el Censo de 2010, INEGI reporta 4,146 habitantes5. Durante el período Colonial con la nueva estructura política, Huaxpaltepec quedó comprendido dentro de la Provincia de Jicayán, donde residía el Alcalde Mayor que gobernaba toda la Provincia. Para aquellas comunidades que, como Huaxpaltepec, tenían una población significativa, se integró un Cabildo Indígena, cuya estructura fue llamada República de Indios, estando representados por un Gobernador indígena y varios oficiales de República.6 Estas estructuras también presentes en Jicayán, Huazolotitlán, Chayuco, Pinotepa Nacional, Don Luis, Jamiltepec, permitieron una autonomía relativa de las comunidades, al amparo de la cual se crearon estructuras de cargo y una fuerte identidad comunal, que incorporó tanto elementos prehispánicos como aquellos impuestos por la cultura española como la religión, tecnologías y sistema de gobierno. La actual estructura de cargos tiene un origen colonial y refuncionaliza su relación con las estructuras de Estado. Una vez pasada la guerra de Independencia de México, en varios momentos se menciona la existencia de la población: para 1826 aparece como Huaxpaltepec, perteneciente a Jamiltepec, de acuerdo a la nueva estructura político administrativa. Es desde el 18 de noviembre de 1844 cuando aparece registrado como San Andrés Huaxpaltepec7. Esta denominación con nombre de una deidad del santoral católico, nombre náhuatl y vigencia del nombre mixteco, reitera una relación prehispánico-colonial, relación que aún hay que trascender. Derivado de la implementación del gran proyecto liberal que cobra fuerza con Porfirio Díaz, el territorio de la Costa es objeto de grandes concentraciones de tierras. Entre el Río Verde y el Río de La Arena hasta Ixtayutla con límite en la rivera del Pacífico, se consolida una gran propiedad territorial, en manos de un solo propietario: Dámaso Gómez, quien no solamente controlaba tierras, sino también el comercio tanto de productos foráneos como de las cosechas de las mismas tierras que arrendaba a los campesinos, antiguos propietarios. Esta situación de injusticia provocó el levantamiento armado de 1910-1917, el cual se vivió en la región en una mezcla de confrontaciones de clase y conflicto étnico. En la instauración del reinado mixteco en mayo de 1911, se corona a María Benita Mejía como reina de la Mixteca Costeña, con representantes en los pueblos indígenas de poblaciones cercanas como Huaxpaltepec. Aunque dicho reinado duró sólo una semana, puso en evidencia el conflicto interétnico presente en toda la región. Durante el desarrollo del conflicto armado, las fuerzas se alinearon en dos bandos: los carrancistas, con su fuerte bastión en Pinotepa Nacional, y los zapatistas, cuyos ejércitos estaban integrados por gente de las otras poblaciones del distrito. En Huaxpaltepec, por su ubicación entre los dos centros políticos de Pinotepa y Jamiltepec, se desarrollaron combates entre las fuerzas oponentes, como lo consigna Atristain8. El resultado evidente fue la derrota de las fuerzas que demandaban la tierra y el respeto a la cultura indígena. Pacificada la región y ajustadas las cuentas con los zapatistas indultados o no, se crea un gran compás de espera. Las fuerzas dominantes con la esperanza de conservar sus privilegios; los campesinos indígenas y negros, en espera de la dotación de tierras, que iniciaría hacia 1934 en la región. Para 1950 ya se tenían asignadas tierras al 70 por ciento de los ejidos y comunidades existentes en la actualidad9. Despúes del reparto viene otra historia, nuestra historia contemporánea que es necesario registrar y re-construir. Estos pasajes a grandes tintas, nos muestran un pasado glorioso, una lucha incesante por resistir al acoso del poder, las reiteraciones de desigualdad aún presentes, pero también la posibilidad de construir y re-construir la comunidad a partir de las fortalezas de la cultura propia y de aquello apropiado, aunque el saldo del conflicto hasta ahora se incline hacia un lado de la balanza.

1. Bradomín. JM. 1992. Toponimia de Oaxaca. S/e. p. 109.

2. Caso, A. 1992. Reyes y reinos de la mixteca. TI. FCE, México.246 pp.

3. Widmer, R. 1990. Conquista y desperta de las costas de la mar del sur. CONACULTA. P. 33.

4. Rodríguez Canto, A. 1996. Historia agrícola y agraria de la Costa de Oaxaca. UACh. p.60.

5. Datos disponibles en: www.inegi.gob.mx

6. Rodríguez, Op cit. 64-66.

7. Steck Baños Daniela. 2004. Jamiltepec y sus alrededores. Palabra en Vuelo. p. 149.

8. Atristain Darío. 1925. Notas de un ranchero. s.e.

9. Rodríguez. Op. Cit. p. 183

9/06/2013

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